GLOCALIDADES

FERNANDO INCHÁUSTEGUI

La vulnerabilidad social ante la pandemia

 

En estos casi tres meses de que la pandemia ha cambiado totalmente el andar de la vida cotidiana y en un momento donde se puede avizorar que la nueva normalidad todavía tiene un largo camino que recorrer para que este al 100% y por ende vemos un panorama muy complicado ante el escenario pos Covid que se puede prever en los meses por venir. 

 

El gobierno de la República ha destinado apoyos a diversos sectores de la población, hecho que ha sido aplaudido y criticado a la vez; de acuerdo a quienes no están de acuerdo con esta acción, que se está tirando el dinero, lo cierto es que luego de tres meses de inactividad comercial al 100% la población no se encuentra en una situación complicada como se podría esperar. 

 

Ahora bien, como lo comentaba anteriormente, el escenario se ve complicado ya que mientras mayor sea el tiempo en que se demore en regresar a la nueva normalidad y la actividad económica se abra en un 100%, la población en pobreza extrema pobreza sigue siendo la más vulnerable, ya que la pandemia tiene un impacto discriminado en diversos grupos de población y su capacidad de respuesta. 

 

Algunos de los escenarios a los que se pueden enfrentar la población vulnerable son:

* Si bien la crisis afecta a toda la fuerza de trabajo, la situación de los trabajadores informales resulta de la confluencia de los ejes de la desigualdad y constituye un fuerte núcleo de vulnerabilidad. La gran mayoría de estos trabajadores no disponen de ahorros suficientes para enfrentar la crisis en un escenario en el que podemos observar faltan muchos meses para reactivar las actividades. 

 

* El sano desarrollo de los niños, niñas y adolescentes está en peligro, la nutrición y alimentación de la población estudiantil estará en riesgo, sobre todo en las comunidades más alejadas donde los programas de desayunos son una esperanza para la niñez y su salud. El incremento de la desnutrición infantil y la malnutrición por exceso de peso son riesgos críticos que estarán latentes. 

 

* Las personas mayores de 60 años, enfrentan una mortalidad más alta en la pandemia; por tanto, su demanda de atención especializada y crítica de salud es mayor, el aislamiento en que viven muchas de ellas limita su capacidad para responder a la enfermedad, lo anterior genera riesgos para su seguridad alimentaria y puede afectar su salud mental. 

 

* La crisis puede profundizar las desigualdades y la exclusión social y laboral que sufren los pueblos indígenas; las desigualdades en el acceso al agua, al saneamiento, a los sistemas de salud y a la vivienda (y el consecuente hacinamiento), así como la desigualdad en las propias condiciones de salud, pueden traducirse en mayores tasas de contagio y mortalidad por COVID-19 entre las poblaciones rurales, las poblaciones urbanas marginales y los pueblos indígenas. 

 

* Las personas en situación de calle están sobrexpuestas al riesgo de enfermar por el COVID-19 producto de su carencia de vivienda, alimentación y acceso a la salud. También es el caso de las personas privadas de la libertad, debido al alto riesgo de contagio derivado de sus condiciones de reclusión. 

 

Las medidas de protección social de corto, mediano y largo plazo para enfrentar los efectos de la pandemia deben considerar el bienestar de toda la población, especialmente el de los grupos vulnerables. Por ello, la protección social y el bienestar deben ser vistos con una perspectiva de universalismo sensible a las diferencias, es decir, teniendo en cuenta las necesidades, carencias y discriminaciones de grupos específicos. 

 

Aunque algunos sectores de la población no estén de acuerdo con acciones de universalidad de servicios y primeros los pobres, es tiempo de emergencia sanitaria que puede convertirse en emergencia social si las acciones no se centran en el humanismo y favorecer el desarrollo sustentable que promueve la Agenda 2030.

 

Comentarios, sugerencias e información: finchaustegui@gmail.com

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