OPINIÓN

XAVIER GUTIÉRREZ

Filosofía para la vida

 

Toda obra humana siempre estará sujeta a revisión, nada está hecho para durar mil años


Hay un desgarramiento de vestiduras como de sepelio judío con motivo de la reforma o desaparición de los organismos autónomos del país. Como todo lo que vemos hoy en la escena pública tiene dos facetas, la visible y la no confesa. 

 

En la visible no hay duda de que existen honestos puntos de vista respecto de lo que hace, anuncia o deja de hacer el gobierno federal. Este tipo de reacciones parte de la buena fe, un espíritu constructivo, tolerante y procurador de la concordia. 

 

La otra es una oposición por sistema, no exenta del prejuicio, la desinformación o el sesgo en los contenidos, incluso el odio, la fobia que ciega y cierra la razón. 

 

Con mayor o menor antigüedad esos diez organismos o instituciones que gozan de autonomía frente a los poderes tradicionales (las Universidades, el Banco de México, INE, CNDH, INEGI, COFECE, CONEVAL, INAI, IFT y la Fiscalía General de la República) son producto de la aspiración de justicia, transparencia, independencia y contrapeso, a nombre de la ciudadanía frente a los tres niveles de gobierno. 

 

La concepción original es impecable, el propósito inmaculado.Pero nos olvidamos que son órganos humanos. En su constitución y funcionamiento han respondido, en términos generales, al poder político dominante en el país. 

 

¿No acaso siempre se ha hablado de cuotas de poder, recomendados o imposiciones a la hora de nombrar a sus representantes? 

 

¿No han sido los partidos, el presidente u otras instancias las que han colocado como piezas de ajedrez a la mayor parte de los titulares y organismos colegiados que los encabezan y toman decisiones? 

 

¿No infinidad de decisiones, a lo largo de toda su historia, ha respondido a la voluntad, oculta o disfrazada de los factores reales de poder de nuestro país?

¿No han sido fuente y sostén de minas de corrupción y tráfico de influencias del sistema político mexicano?. 

 

Un dato, sólo uno: ¿No el INE tenía el proyecto de construir todo un complejo de oficinas y áreas de confort para su servicio, con un presupuesto de mil millones que fue frenado por efecto de los nuevos vientos que soplaban en el país? El tiempo ha demostrado que ni era indispensable, ni necesario, que no se caía el mundo si se cancelaba. Y sí estaba rodeado de sospecha de un millonario negocio de sus promotores.

Y como ese hay mil ejemplos de trafiques al amparo del poder y…a nombre de la ciudadanía. 

 

Convengamos que toda obra humana es mutable, reformable y por tanto mejorable.En cualquier nación, en su estructura política o administrativa, nada está construido para durar mil años. Sólo Hitler en sus fantasías concibió tal barbaridad. 

 

Hasta las religiones, con su peso milenario, se van adaptando al giro del mundo y evolución de la sociedad.La somera revisión del funcionamiento de todos los organismos autónomos del país ofrece muestras de que, por los hombres que las han manejado, por los intereses de los poderosos dominantes o por los vicios del sistema, en multitud de ocasiones han actuado no sólo a espaldas, sino en contra de intereses populares. 

 

Desde el alba de su composición, ¿han sido realmente autónomas?.La respuesta obvia es, no.¿Son por tanto intocables, aún con su certificado de origen constitucional?Tampoco. 

 

Al llegar López Obrador, en este punto no partió del engaño. No ofreció una reforma. Ofreció un cambio de régimen, con lo que esto implica, “modificar las normas por las que se rige una institución, entidad o actividad”.La forma es otra cosa. 

 

Ha sido recurrente en el actual gobierno la prisa y el atropello para emprender una acción, incluso el anuncio de la misma, sin tener con firmeza los elementos y programas, contenidos y formas en que se basa para el cambio.Esto ha transmitido malas señales. Es una de las grandes fallas en la comunicación del gobierno.

 

Lo deseable en este caso es que los planes para reformas de fondo y cambios, estén precedidos de un debate a fondo en el Congreso desde luego, pero con la participación y voces de todas las instancias que concurran en el quehacer de tales instituciones.

 

Eso sería lo más saludable para el país. Y de paso, tomar conciencia de que toda obra humana siempre estará sujeta a revisión. 

 

Todos aquellos que se creían indispensables ya están en el panteón. 

 

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