Los partidos, deprimente espectáculo
  • Son los mismos de siempre, no habrá que ilusionarse y esperar algo radicalmente distintas
 
Vemos en los medios, aquí y en todo el país, los festejos, pleitos, escándalos y disputas por las candidaturas a diputados y presidentes municipales. Una energía y entusiasmo dignos de mejor causa.No se requiere mucho seso para darse cuenta de que la clase política vive en otro mundo.Los aspirantes levantan el dedo, descalifican a sus competidores, acusan favoritismos de sus dirigencias, lo de siempre. 
 
Quienes toman las decisiones en los partidos son las cúpulas. Organizan de tal modo los filtros, las convocatorias, el proceso, de acuerdo con intereses de quienes tienen el poder en la cima.Unos y otros se bloquean, blofean con simpatizantes y apoyos. Otros hacen alardes de respaldos. 
 
Las evidencias de los que quieren reelegirse los descalifican. En general han hecho malos gobiernos, mediocres en el mejor de los casos, y a pesar de eso se mueven para su reelección. Cinismo puro en la mayoría de los casos.La colección de maniobras, triquiñuelas y simulaciones en toda esta etapa esa inagotable. 
 
No hay duda de que habrá aspirantes honorables, limpios y bien intencionados. Pero son una minoría. Lo dominante es una madeja variopinta de quienes buscan el poder casi por la vía del asalto.Todo esto que vemos es una suerte de espectáculo malo, corriente. La inercia que se ha visto siempre, lo de tantas veces. 
 
Al grueso de buscadores del poder de este modo, parece no decirles nada la historia reciente del país. Todo eso lo rechazó la apabullante votación nacional última, y sin embargo vuelven a lo mismo, a lo de siempre. 
 
Y en esto Morena está incluido. Este partido obligado estaba a ofrecer otra cosa, otros métodos, cambios de forma y fondo. Otras caras. Pero no se ve nada diferente. Las pugnas intestinas, los acomodos, los disfraces, la falsedad, los uniforma a todos.
 
Viven su fiesta y sus conflictos sin recato alguno. Los medios ventilan este ambiente circense, porque es llamativo, ocupa espacios, viven también la inercia, cumplen su papel.Pero eso ocurre allá arriba, como en un templete carnavalesco. 
 
Abajo está el otro mundo. La gente con sus preocupaciones buscando el sustento, o aislada, en torno a sus pacientes y los hospitales, viviendo duelos o aflicciones, hurgando el bolsillo.Al grueso de la población la danza que viven los partidos no le interesa. Primero es comer, la panza es primero.
 
En este desencuentro vemos como la primera escena de una obra de teatro que no depara nada para más adelante. O muy poco.Los partidos o sus dirigencias, en este momento, están en general muy por abajo de la sociedad. No existen ofertas mínimas de algo distinto, acorde con las circunstancias atípicas, críticas, que vive la nación. 
 
La crisis de facetas múltiples obligaría a los actores políticos, a todos, a mostrar conciencia del momento, ser creativos en todo, empezar a construir un andamiaje a tono con los tiempos, competir con distintas formas, métodos, acciones. 
 
Pero no hay nada de esto. 
 
Se dirá que las campañas aún no empiezan, es apenas el preludio.Sí, pero el escenario de hoy es el gastado de ayer. Parches, vicios, rostros chocantemente vistos, manchados por el desprestigio, el cinismo, la gula del poder por el poder. 
 
Este escenario repetitivo, pintoresco, tercermundista, no anticipa algo realmente distinto en el siguiente paso, las campañas. 
 
Quisiéramos estar rotundamente equivocados, pero la lección es tan obvia que no se puede soñar: si son los mismos, hacen los mismo, no se pueden esperar resultados diferentes. 
 
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