GLOCALIDADES

FERNANDO INCHÁUSTEGUI

La brecha digital, la nueva desigualdad social

 

Ante el cambio que el implico realizar las actividades cotidianas y fundamentales en la vida del ser humano, la educación y el trabajo, fueron de los que dieron un cambio radical a la forma en la que estábamos acostumbrados. 
 
La educación a distancia y el trabajo en caso se convirtieron en una necesidad que llego para quedarse de manera permanente.Lo anterior dejo más al descubierto una desigualdad que se conocía sufrían muchos mexicanos, pero al no ser algo necesario, no se le daba tanta atención.
 

La brecha digital de acceso que viven miles de ciudadanos en diversas comunidades a lo largo del país, no importando sea rural o urbana, se ha convertido en la nueva desigualdad social que es muy profunda. 
 
La conectividad, entendida como el servicio de banda ancha con una velocidad adecuada y la tenencia de dispositivos de acceso, condiciona el derecho a la salud, la educación y el trabajo, al tiempo que puede aumentar las desigualdades socioeconómicas.
 
En nuestro país, el 65,8% de los habitantes de la región tenían conexión a Internet. El tercio restante tiene un acceso limitado o no tiene acceso a las tecnologías digitales debido a su condición económica y social, en particular su edad y localización.
 
Las diferencias en la conectividad entre la zona urbana y la rural son significativas. En la región, el 67% de los hogares urbanos está conectado a Internet, en tanto que en las zonas rurales solo lo está el 23% de ellos. 
 
Las bajas velocidades de conexión consolidan situaciones de exclusión ya que inhabilitan el uso de soluciones digitales de teletrabajo y educación en línea. 
 
Desde el comienzo de la crisis de la COVID-19, la demanda de servicios de comunicación de banda ancha se ha incrementado vertiginosamente. 
 
El aumento del tráfico ha supuesto una mayor exigencia para la capacidad de las redes y su resiliencia, y en varios países ha disminuido la velocidad de descarga promedio de las redes durante los primeros meses de cuarentena, situación que, de acuerdo con los datos disponibles, se habría revertido.
 
El costo del servicio de banda ancha móvil y fija para la población representa en algunos casos el 12% de su ingreso. Esos costos, en los casos más críticos, representan alrededor de seis veces el umbral de referencia del 2% del ingreso recomendado por la Comisión sobre la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible para clasificar un servicio de Internet como asequible.
 
En los casos considerados en el presente, el teletrabajo ha sido una herramienta fundamental para mantener en funcionamiento algunas empresas y evitar la proliferación de contagios del coronavirus.
 
Antes de la pandemia, el 7,9% de los trabajadores del mundo trabajaba permanentemente desde su hogar, principalmente en ocupaciones manufactureras y artesanales tradicionales, pero solo una minoría lo hacía mediante teletrabajo. 
 
La proporción de trabajo susceptible de realizarse a distancia varía entre países por razones estructurales. Las estructuras de los mercados laborales, las estructuras productivas, los niveles de informalidad y la calidad de la infraestructura digital juegan un papel fundamental. 
 
Para el caso de la educación y debido a la suspensión de las clases presenciales, los países de la región han desarrollado estrategias para sostener actividades educativas a distancia.Los países que contaban con plataformas virtuales de contenidos educativos pusieron el foco en su adecuación y actualización. 
 
Los demás países pusieron en línea nuevas plataformas virtuales, en algunos casos en cooperación con empresas como Microsoft, Cisco y Google, y con organismos multilaterales. En la mayoría de los casos, las plataformas de contenido se complementaron con soluciones de aulas virtuales.El uso de soluciones de educación en línea solo es posible para quienes cuentan con conexión a Internet y dispositivos de acceso. 
 
En México sólo el 16% de los hogares más pobres cuentan con computadora mientras que de la población de alto nivel la cifra se incrementa hasta el 80 por ciento. 
 
Mientras que apenas 34 de cada 100 usuarios poseen paquetes de televisión de paga en los estratos más bajos, 61 de cada 100 pueden pagar este servicio en los estratos altos. 
 
Las desigualdades persistentes en el país se reflejan de manera significativa en el uso y las costumbres de la población en la esfera de las telecomunicaciones si se analiza por la condición socioeconómica de los grupos poblacionales. 
 
Aunque a escala nacional la cobertura es de 70%, las zonas urbanas del país alcanzan una cobertura de 77% mientras que en las regiones rurales apenas el 48% es usuario de internet, de acuerdo con cifras de la ENDUTIH del INEGI.
 
Lo anterior deja un nuevo reto en el ataque a las desigualdades en nuestro país por parte de los gobiernos de los tres niveles; la tarea no es fácil y el tiempo cada vez es menor para poder dar solución a quien más lo necesita.

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Fernando Incháustegui

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