En los últimos 15 años, las mexicanas han conseguido romper el techo de cristal

FERNANDO INCHÁUSTEGUI

30 de diciembre de 2020

El Objetivo 8 de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas es “trabajo decente y crecimiento económico”. 

A lo largo de más de cinco décadas la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se ha dado a la tarea de definir el trabajo decente y construir un marco conceptual para su medición. De esta forma, ha establecido diez elementos sustantivos, con dieciséis indicadores básicos que posibilitan la cuantificación y comparación de las condiciones laborales decentes a lo largo de los años y entre países. 

 

Dichos elementos son: Oportunidades en el mercado laboral; Salario adecuado y trabajo productivo; Jornada laboral decente; Balance entre los ámbitos laboral, familiar y personal; Trabajos que deberían ser abolidos; Estabilidad y seguridad en el trabajo; Igualdad de oportunidades y trato en el empleo; Entorno de trabajo seguro; Seguridad social; y Diálogo social, representación de los trabajadores y de los empleadores. 
 
Al igual que todas las mujeres en el mundo, las mexicanas enfrentan “el techo de cristal”, un límite invisible que imposibilita a las mujeres acceder a puestos directivos en su carrera profesional. Su existencia es un obstáculo para alcanzar la igualdad de oportunidades y trato en el empleo, uno de los elementos del trabajo decente. 
 
El Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD), con el apoyo de AT&T México, presentó recientemente el estudio “Trabajo decente en México 2005-2020: Análisis con perspectiva de género”, donde podemos observar las tendencias, los avances y retos que enfrenta el mercado laboral mexicano en esta materia. 
 
En particular, la igualdad de oportunidades y trato en el empleo es un elemento conformado desde los niveles de dirección de las empresas, que se encargan de promover los valores organizacionales. 
 
Uno de los indicadores de este elemento es la participación femenina en los puestos de alta y media dirección, que se refiere a la proporción de mujeres en puestos de gerencia corporativa; mandos superiores en el sector público; y cargos de legislación. De acuerdo con la OIT, este indicador proporciona información sobre la participación de las mujeres en la toma de decisiones. 
 
Dentro de los quince años que abarca la investigación se observa una trayectoria creciente de mujeres ocupando puestos de media y alta dirección. En 2005 la cifra era 28%, para 2020 se registra una participación de las mujeres de 38% en estos puestos, es decir las mujeres han logrado incrementar diez puntos porcentuales con un crecimiento promedio anual de 2%.
 
Esto nos lleva a concluir que, de forma consistente, las mujeres se han logrado colocar en puestos directivos con mayor frecuencia. 
 
En el contexto actual, el impacto que la pandemia de Covid-19 ha tenido sobre el mercado laboral y la calidad del trabajo alrededor del mundo es un tema de gran interés y preocupación. 
 
Otro indicador relacionado es el de la segregación ocupacional, que sintetiza en este caso la representación femenina y masculina en las diferentes ocupaciones y sectores de la economía. Desafortunadamente, entre 2005 y 2020 el avance en este indicador ha sido casi nulo, lo que sugiere que la segregación ocupacional persiste en la mayoría de los sectores económicos. 
 
La igualdad de oportunidades y trato en el empleo es uno de los elementos clave para conocer las perspectivas presentes y futuras de la inclusión femenina en la alta y media dirección, así como en diversos sectores de actividad económica. 
 
En los últimos quince años, las mexicanas han conseguido romper “el techo de cristal” y comenzado a subir en los peldaños de la escalera laboral. No obstante, aún falta ver si la tendencia actual de presencia femenina en esos puestos se mantiene en el mediano y largo plazo.